EL CÁNCER - INFANTIL
El cáncer se desarrolla a partir de una alteración del DNA que transforma una célula normal en una célula tumoral. Los mecanismos que facilitan la alteración genética son complejos y no siempre bien conocidos. Se conoce también la existencia de factores ambientales de carácter físico, químico o biológico que en determinadas circunstancias son capaces de inducir una lesión. En las últimas décadas los avances en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades neoplásicas en la infancia han supuesto una importante mejora en las cifras de supervivencia. No obstante, el cáncer continúa siendo la segunda causa de muerte en menores de 15 años, precedida por los accidentes. En la década de los años 1950 las posibilidades de curación de la mayoría de enfermedades neoplásicas no superaba el 20%. En el momento actual globalmente se puede hablar de curación del 75%, sobre todo cuando el diagnóstico se efectúa en fases iniciales de la enfermedad. La incidencia de los distintos tipos de enfermedades neoplásicas varía según la edad. Los más frecuentes son las Leucemias, Tumores cerebrales, Linfomas, Tumores óseos, Carcinomas de Tiroides. El esquema general de manejo de un tumor sería el siguiente: - Fase 1: Diagnóstico. Radiología, TAC, Resonancia Magnética, Ecografía, Radioisótopos, Histología, Microscopía, Genética, etc. - Fase 2: Tratamiento. Cirugía, Radioterapia, Quimioterapia, Transplante de médula ósea. - Fase 3: Control evolutivo. Si tras el tratamiento de una infección con el antibiótico más adecuado podemos decir que ya está curada y que no tiene porqué repetirse, en el caso de una enfermedad neoplásica no sucede así. Tras un tratamiento adecuado y una respuesta completa, el paciente pasa a una fase de seguimiento o control evolutivo dado que puede darse el caso de que alguna célula neoplásica haya quedado en fase larvada o de reposo y que en cualquier momento puede volver a reactivarse. El primer año tras el final del tratamiento es el período de máxima incidencia de redividas y es por ello que durante este tiempo deberemos someter al niño a frecuentes controles clínicos, analíticos y radiológicos. Superado el primer año la posibilidad de recaída disminuye, pero aún existe y aunque los controles ya se pueden espaciar, se continúan durante 5 años. Las cifras de supervivencia en cáncer infantil se dan a 3 ó 5 años del diagnóstico, que es cuando ya se puede hablar de supervivencia mantenida libre de enfermedad.